30º Aniversario de Malvinas



Por el Almirante VGM Enrique Molina Pinto

Discurso pronunciado en Plaza Irlanda el 2 de abril de 2012


Asumo la responsabilidad de representar al señor Contraalmirante D Carlos Alberto Busser, Comandante de la Fuerza de Desembarco en la Operación Rosario de Recuperación de las Islas Malvinas, quién por razones de fuerza mayor no puede estar en este lugar. Agradezco la oportunidad de poder reunirnos aquí en Plaza Irlanda, país que siempre nos miró con simpatía y tierra natal de quien fuera nuestro primer almirante Guillermo Brown.

Sean mis primeras palabras en recuerdo de todos los que fueron y no volvieron y de sus familias, ellos dieron de sí lo máximo que se puede dar: la propia vida, bien que no tiene valor en el mercado; pero quiero también dirigirme a quienes fueron y volvieron entregando, también, todo de sí, pero regresaron con el sabor amargo de no haber podido alcanzar la victoria final.

No me referiré a la situación política que vivíamos en esa época ni al posible origen de la operación, dejemos eso a los historiadores y analistas políticos: esta es una reunión de camaradas, pues todos los veteranos cumplieron el rol sagrado de defender a la Patria que impone la constitución nacional a todos los argentinos.

Algunos fuimos, como militares de carrera y nos habíamos preparado para ello, otros fueron como conscriptos o civiles movilizados, en las acciones fuimos acompañados por integrantes de las fuerzas de seguridad, pero en el momento de las operaciones, en el teatro, actuamos de consuno, lo hicimos de acuerdo a la evidencia que en la acción real no había color de uniforme, solamente el color de la celeste y blanca que nos unía a todos.

Las guerras las deciden los ministros, los embajadores y los plurigalonados de las FFAA, pero la terminan combatiendo los soldados en las trincheras, los marinos en su pequeño universo y los aviadores solos entre el cielo y la tierra y son todos éstos, entre los que me incluyo, quienes hoy están aquí presentes. A ellos me dirijo tomándome el atrevimiento, como argentino, de agradecerles lo hecho y de felicitarlos por los logros.

De felicitarlos, sí, pues es cierto que en la guerra no existen 2°s. premios, aceptamos con dolor el resultado, pero también sepamos que el éxito no estuvo muy lejos, es con esa idea que justificaré el por qué de mi felicitación:

No hubo preaviso ni entrenamiento o preparación especial previa, se combatió con lo que se tenía en el momento; no se esperaron la llegada de renovaciones o aprovisionamientos de armamentos y equipamiento que hubieran cambiado el panorama.

Tuvimos como enemigo a una potencia integrante de la NATO que, en lo que a lo militar, y situación política y económica se refiere, pertenece a un orden superior a nuestro país, sabiendo que a ella se aliaron en distinto grado, abierta o encubiertamente, la primera potencia mundial, otros países de la NATO y algún país de la región; podemos tener la certeza que la prueba que afrontamos no fue pequeña.

Se realizaron operaciones con una eficacia increíble, se lograron soluciones logísticas en la forma menos pensadas.

¿Qué cometimos errores profesionales y humanos?. Sí, es verdad también cometimos errores y desaprovechamos ocasiones: nos fallaron torpedos, hubo bombas que no explotaron y problemas de coordinación operativa y de abastecimiento en el campo; en la teoría ideal no debería haber sido así, pero fue; no obstante en casi todos los casos surgió como algo normal el heroísmo y la solución de problemas con elementos de fortuna, o sea "a la criolla"; solamente mencionaré algunos ejemplos: la acción de los comandos y fuerzas especiales, los marinos mercantes movilizados, el Escuadrón Fénix, el exitoso alistamiento de los Exocet, pese a que Francia informó a Inglaterra que no seríamos capaces de hacerlos funcionar sin su ayuda técnica, la búsqueda de armas en el exterior y las operaciones encubiertas.

También he de decir que es muy fácil criticar las operaciones y a los combatientes desde la comodidad del hogar o la oficina y conociendo, ya finalizada la guerra y años después de los hechos, los resultados de cada acción, es, en efecto, muy fácil "ganar a las carreras del domingo con el diario del lunes", pero los que son hoy veteranos estaban allí combatiendo, cumpliendo órdenes y tomando decisiones con poca información, vale decir, sin "el diario del lunes" y bajo la presión enemiga. A ellos, mi respeto que por cierto lo merecen.
Puedo resumir mis opiniones repitiendo las palabras que dirigí a la tripulación del A.R.A."HÉRCULES", que tuve el honor de comandar, poco después de zarpar de Puerto Belgrano rumbo a Malvinas para iniciar la operación Rosario: "Esto no es un ejercicio, es una operación real para recuperar las Islas Malvinas que nos llevará a combatir con una fuerza, la Royal Navy, constituída por verdaderos profesionales del mar, pero estoy completamente tranquilo porque Ustedes también son verdaderos profesionales del mar y del 2° Comandante al último conscripto sabrán cumplir con su deber" y hoy, luego de analizar las operaciones en detalle, puedo decir con orgullo que esa calificación de confianza en la profesionalidad y calidad de servicio vale, como acto de justicia, para todos los que son veteranos que sin duda supieron cumplir con su deber.

Este juicio está ratificado en el exigente informe Rattenbach, que cierra sus "Conclusiones finales" con las siguientes afirmaciones: "Más allá del resultado del conflicto bélico, nuestras FF.AA pueden estar satisfechas de su actuación durante la contienda, ya que enfrentaron a una potencia mundial de primera magnitud, apoyada política y logísticamente por los EEUU" .

     
     
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