El Corsario Luis Aury y su invitación al Gral. San Martín para independizar Panamá


Por Prof. Emilia E. Menotti

1815 fue un año nefasto para América. Mientras en Europa la Santa Alianza y el Congreso de Viena imponían sus normas absolutistas reestructurando el mapa europeo en base a sus propios intereses, en nuestro continente la revolución desembocó en un estado de sometimiento a ese absolutismo restaurado en la Península tras el retorno de Fernando VII. El fusilamiento de Morelos el 22 de diciembre en San Cristóbal de Ecatepec fue el hito que señaló el predominio de aquellas viejas fórmulas estructurales de la sociedad que permanecían empotradas en los esquemas del poder fernandino.

Simón Bolívar en Jamaica elaboraba su Carta Profética, Antonio Nariño, derrotado en Pasto, sabía una vez más de los rigores de las prisiones realistas. Los guardianes de La Carraca, lúgubre presidio gaditano, asistían día a día a ¡a disminución de las fuerzas físicas de su ilustre prisionero Francisco de Miranda; las debilitadas huestes de Bernardo O’Higgins, tras Rancagua, repasaban la cordillera para sumarse al proyecto pronto convertido en empresa que en Cuyo elaboraba su Gobernador Intendente José de San Martín. En medio de ese ámbito negativo, con sus caóticas consecuencias para ¡a independencia americana, sólo un hecho, la toma de Montevideo ocurrida en junio de 1814, “fue un rayo de optimismo que retempló los ánimos y eliminó el gran peligro que se cernía sobre el mismo corazón revolucionario de mayo”. San Martín afirmó que “era lo más grande que había realizado hasta entonces la revolución americana”.

Las Provincias del Río de la Plata, libres de la presencia de! Pacificador Morillo, quien por esa acción desvió su rumbo hacia Venezuela, pudieron encauzar sus energías hacia planes de apoyo bien sistematizados, para consolidar la independencia continental. Para lograr la afirmación de ese propósito, las autoridades apelaron a una metodología marítima, la del corso hispanoamericano que según la opinión del Almirante Laurio Destéfani, “se inició en forma notable hacia 1814 en el Atlántico y el Caribe y alcanzó su apogeo a partir de 1818 hasta 1823 aproximadamente”.

Simón Bolívar destacó la aplicabilidad de esta guerra y en carta al almirante Luis Brion del 22 de febrero de 1819, aseveraba que: “La experiencia nos ha probado la utilidad de los corsarios particularmente en nuestra lucha con la España. El gobierno de Buenos Aires, que es el que más los ha utilizado, es también el más conocido, respetado y temido. Sí nosotros hubiéramos adoptado su conducta (...) habríamos obtenido tantas ventajas sin costo alguno de parte del gobierno, en lugar de que por habernos opuesto a este sistema y adoptado el de los buques de guerra, no tenemos escuadra por falta de medios ni molestamos el comercio” 1

No nos detendremos a analizar nuestro corso marítimo y la epopéyica hazaña del Almirante Guillermo Brown en el Pacífico, cuya campaña fue el punto de partida de una expedición sembradora de Repúblicas. Basándonos en la obra “El corso rioplatense” de Horacio Rodríguez y Pablo E. Arguindeguy destacamos que: “Con la derrota chilena en Rancagua, el Pacífico se hallaba bajo el completo dominio hispano y libre de otras banderas como no fuera ia inglesa que había dejado de ser enemiga (...).

Fue así que, desde el punto de vista unilateral de nuestro corso marítimo, Brown, Bouchard, Fournier, Burgess y Tomás Cárter, restaron su dominio a España y dieron apoyo directo y hasta anticipado a las campañas de los dos Libertadores - Bolívar y San Martín - e hicieron flamear el pabellón albiceleste no sólo en sus aguas, sino en las posesiones coloniales de la Alta y Baja California, Monterrey y las misiones costeras de Fray Junípero y en la costa occidental de la Nueva Granada, sirviendo de nexo ideológico y militar entre diversos focos por los patriotas que luchaban por la libertad continental”. 2

Giraremos nuestra exposición en torno de un controvertido personaje, el corsario Luis Aury, cuya actuación, propósitos y logros en la causa americana deben enfocarse desafiando ortodoxias, para ubicarlo en el contexto histórico y apreciar o enjuiciar sus aportaciones en su justo valor.

Luis Aury, a quien Lucas Alaman llamó jefe de piratas mientras John Quincy Adams opinaba que parecía “haber sido hombre de honor consagrado sinceramente a la causa”, asumió un papel que no podemos ignorar, por su vinculación activa o circunstancial con personajes cuya trayectoria nos honra y enorgullece, José de San Martín y Simón Bolívar.

Luis Aury - Autorretrato

Fabricante de velas de origen francés, nacido hacía 1788, se convirtió en marino y el Caribe fue el ámbito que lo atrajo hacia 1810, fijando su residencia en Santo Domingo. Quizá la presencia de Francisco de Miranda y los acontecimientos de 1808 y 1809 en Caracas, fueron las razones que influyeron en la elección del inquieto francés.

Aury, vinculado con Pedro Gual, el decidido y leal defensor de la libertad de los pueblos y diplomático sin patria por la caída de la primera República venezolana tras la capitulación de San Mateo, recibió la patente de corso de acuerdo con el sistema establecido en 1812 por el Presidente del Estado de Cartagena, Rodríguez Torices y en mayo de 1813 arribó a esta ciudad para ofrecer sus servicios a los patriotas de Nueva Granada, logrando una Capitanía en la escuadra de ese estado.

Su actuación durante el asedio a Cartagena por Morillo y Enriles desde agosto de 1815, mereció un justo reconocimiento. Cuatro meses duró el sitio y cuando se “resolvió abandonar la plaza (...) Aury contribuyó al traslado de la población hacia Los Cayos, en Haití, adonde arribaron después de haber padecido horriblemente tanto del mal tiempo como de privaciones de toda clase durante la travesía”.3

Desde ese momento, el Comandante o Comodoro, títulos con los que se identificaba a Aury aunque desconocemos la autoridad que pudo otorgárselos, aparece vinculado con Simón Bolívar quien, desde Jamaica había pasado a Haití para organizar, con el desinteresado apoyo de su presidente Alejandro Petion, la expedición a las costas venezolanas. La designación de Bolívar como Jefe Supremo con autoridad civil y militar en la Asamblea de Los Cayos, fue una de las causas que distanciaron a Aury no sólo del Libertador sino también del curazoleño Luis Brion, a quien se asignó la comandancia de la flota.

     
     
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