Plaza Irlanda



Sitial de honor del Almirante Guillermo Brown

Visita a la Argentina del Presidente de Irlanda, D. Michael Higgins

En la visita a nuestro país que realizó el Presidente de Irlanda, el 12 de octubre de 2012, se ofreció tributo al Gran Almirante D. Guillermo Brown en la Plaza Irlanda.

Este acto, que tuvo como escenario el tradicional terruño donado por la comunidad irlandesa, se vio galardonado con la presencia de jerarquizadas figuras del gobierno nacional, del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, autoridades extranjeras y del ámbito privado de ambos países.

Encabezaron la ceremonia el Presidente de Irlanda, D. Michael Higgins, y la Prof, Emilia E. Menotti, presidente del INB; estuvieron presentes el Embajador de Irlanda, James McIntyre, el Ministro de Desarrollo y Comercio irlandés, D. Joe Costello, el Ministro de Defensa argentino, D. Arturo Puriccelli, el Jefe del Estado Mayor de la Armada, Almirante Carlos Paz, entre otras autoridades militares y civiles.

Gran cantidad de público, en especial de origen irlandés, alumnos de colegios privados irlandeses y la banda de música de la Armada Argentina dieron un marco colorido y morigerado al acto que se trasuntó en las emotivas y oportunas palabras que se hicieron oir por los oradores.

En primer término lo hizo la Presidente del Instituto Nacional Browniano, profesora Emilia E. Menotti, destacando la importancia de la visita y del acto.

Al respecto dijo: El Instituto Nacional Browniano, en coincidencia con el sentir de la Armada Nacional y de establecimientos educativos, desde el ámbito emblemático de la Plaza Irlanda, tiene el honor de expresar al Señor Presidente, que su visita constituye una muestra de auténtica confraternidad, confraternidad nacida desde los orígenes de nuestra nacionalidad, por la presencia de los hijos de Irlanda, que consideraron a este suelo no como lugar de tránsito, sino hogar permanente y cálido.

Fueron portadores de los nobles ideales que fecundaron su lucha secular por su identidad y sus creencias, forjadas en el triple magisterio de la Fe, la Justicia y la Libertad. Estos principios rigieron la trayectoria heroica de Guillermo Brown.

Su misión adquirió tal relevancia que en ésta, su tierra de adopción, por consenso general, fue declarado "Padre de la Patria en el mar". Para conocer la ejemplar y trascendente dimensión de su personalidad, debemos penetrar en la vigorosa y segura presencia del heroico marino, en el acento de sus requerimientos americanistas y en la honradez ante los fervientes reclamos ciudadanos. Su carácter, templado en el duro bregar de cada día, le permitió cambiar el devenir histórico rioplatense.

Todo debía hacerse y todo se hizo. Y Brown, con excepcional capacidad de mando, espíritu organizativo e indomable energía, convirtió en marinos de primera línea, a bisoños criollos que jamás habían navegado. En una epopeya homérica, con barcos de mediana envergadura, los leños flotantes como los definiera Bartolomé Mitre, asumió la defensa de la integridad del suelo nacional y produjo el milagro de ofrecer a su patria de adopción, la iniciativa en el mar, apelando a un valor que suplía la falta de recursos.

Martín García y Montevideo, "lo más grande que hasta el presente ha realizado la revolución", según el juicio de José de San Martín, y Los Pozos, Quilmes, Juncal, en la defensa de la justicia y la legalidad republicanas contra el Imperio del Brasil, marcan la extensa e increíble trayectoria de Guillermo Brown quien, como Ulises, permaneció atado al mástil del deber.

Era la hora de mayor prestigio de Brown. Sus virtudes profesionales y personales lo convirtieron en un verdadero ídolo de las multitudes. Quien recibió en vida el homenaje reconocido de sus contemporáneos, cuando intereses de potencias europeas agitaron las aguas del Plata, brindó su último aporte militar.

Defensor del pabellón nacional por más de treinta y tres años, consideró que su carrera naval había concluido. Así definió su misión: "Amante por sistema de la felicidad de mis semejantes, no he hecho hasta ahora otra cosa que llenar los votos de la razón y de la naturaleza, trabajando cuanto ha estado a mi alcance por la libertad de esta parte del Nuevo Mundo".

En su quinta barraquense honró la herencia de sus antepasados, manteniendo incólumes el respeto a la familia, a la vida hogareña, como esposo, padre, abuelo y, nuevo Cincinato, tras las fatigas de las duras contiendas bélicas, sólo anhelaba reemplazar el timón de los navíos, por las rejas del arado y volver a labrar la tierra.

Guillermo Brown es un auténtico héroe nacional y un modelo indiscutible para las generaciones que lo sucedieron. Coraje, intrepidez, generosidad fueron sus virtudes cardinales. Aceptó con nobleza y dignidad y sin rencor, injusticias e ingratitudes porque lo asistía su inclaudicable fuerza moral.

Brown es un símbolo que debe guiar a la Nación, porque asumió como propia la gran causa de la independencia y la soberanía a la que ofrendó las destrezas del marino y la fe en sus convicciones libertarias. Pero no olvidó su raíz originaria y así lo testimonió el Southern Cross: "Como todo irlandés llegado lejos de su verde isla por los avatares de la vida, Brown guardó siempre un gran cariño y se interesó constantemente por los acontecimientos que se producían en su tierra natal".

El padre Antonio Fahy, patriarca de los irlandeses en nuestro territorio, confesor y amigo del Almirante, así sintetizó su personalidad: "Fue un cristiano cuya fe no pudo conmover la impiedad; un patriota cuya integridad la corrupción no pudo comprar y un héroe a quien el peligro no logró arredrar".

Y América, considerada la concreción del reino de Utopía de Tomás Moro, siguió siendo un polo de atracción para los irlandeses que, si bien habían llegado aisladamente a sus playas en los albores de la conquista y la colonización, lo hicieron con profundo convencimiento, en el marco de la guerra por la independencia.

Los dos Libertadores de América, José de San Martín y Simón Bolívar, tuvieron a su lado como edecanes a Juan Thomond O´Brien y a Daniel Florencio O´Leary. Leales y valientes hijos de Irlanda, defensores de la causa emancipadora, prestaron su máxima colaboración identificados con sus ideales, que eran los de su patria de origen.

La República, institucionalmente organizada, requirió el necesario aporte inmigratorio frente a la escasez poblacional en su extensa geografía. Ante la incertidumbre de perspectivas futuras, la necesidad de buscar nuevos horizontes y con la esperanza de un devenir venturoso con libertad, alejado de las cruentas persecuciones sufridas en su terruño natal, familias irlandesas, sin más bagaje que su fe, bajo la advocación de San Patricio, se establecieron en las tierras todavía vírgenes y con la amenaza siempre latente del indio bravío. Actuaron decididamente en la actividad agropecuaria de la Nueva Nación, conformando núcleos poblacionales, caseríos, que el transcurso del tiempo convirtió en pueblos y ciudades prósperas y florecientes.

     
     
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